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lunes, 15 de mayo de 2017

EN RECUERDO DE CUATRO MINEROS DE ALMADÉN

 
 
 
Ángel Hernández Sobrino escribe el siguiente recordatorio:
 

 
"En el año 2002, el cierre de la mina de Almadén provocó mi prejubilación y la de muchos de mis compañeros de trabajo. Por entonces, el presidente del Consejo de Administración de Minas de Almadén era José Ramón Esteruelas,  quien me ofreció ocupar el puesto de gerente de la Fundación Almadén. Aunque yo venía trabajando de geólogo en la empresa minera desde 1973, en los últimos años me había interesado por el estudio de la historia de las minas y había publicado un libro sobre ellas en 1995. El caso es que entre los años 2002 y 2012, en el que hube de jubilarme obligatoriamente, asumí el reto de conservar y difundir el patrimonio minero de Almadén, que eran los objetivos primordiales de la Fundación.
Lo primero que tenía que hacer era completar mis  conocimientos sobre la historia de  Almadén,  así  es  que me  puse a la tarea consultando  la abundante información existente en archivos y bibliotecas, sobre todo el Archivo Histórico Nacional,  el de Minas de Almadén y  la Biblioteca Nacional. El archivo minero venía funcionando desde el año 1999, cuando Fernando Montero, presidente del Consejo, creó la Fundación Almadén, pues por entonces ya se preveía la clausura del establecimiento minero en poco tiempo. Al frente del archivo estaba Cristina Villar, a quien le estoy muy agradecido por su ayuda.
Además de esta información bibliográfica, pues los conocimientos técnicos ya los tenía por mi profesión, necesitaba muchos más datos sobre Almadén y sus mineros para completar ciertos aspectos que no aparecían en ningún libro ni legajo. Pregunté por alguien que me pudiera ayudar y por fortuna encontré a Tomás Avilero, Adolfo Mosqueda, Antonio García-Donas y Segundo Cavanillas, quienes con el paso de los años pasaron de ser mis informantes a amigos entrañables siempre dispuestos a compartir conmigo sus conocimientos y experiencias.
Tomás Avilero me recibió muchas veces en su casa, donde tenía reproducidos algunos objetos de la mina y del campo. Mientras su esposa hacía las labores domésticas, él y yo nos reuníamos en alguna estancia o en el patio para que me aclarara una larga lista de cuestiones que le iba planteando. Con su buena memoria me contestaba sin dudar a quién o a qué correspondía la imagen que le mostraba o cómo había sucedido tal o cual hecho. Su contribución desinteresada resultó muy útil en la elaboración de dos de los libros publicados por la Fundación en aquellos años: “La memoria del trabajo: los mineros de Almadén” (año 2006) y “Los mineros del azogue” (año 2007). Después seguí consultándole cuando me surgía alguna duda y Tomás siempre estuvo  dispuesto a resolverlas, hasta que se fue a pasar los últimos años de su vida a Mallorca con uno de sus hijos.
Adolfo Mosqueda era un hombre muy comunicativo y estaba deseando que cualquiera acudiera a él para solventar sus dudas, así que cuando nos conocimos, se brindó a ayudarme en todo lo necesario. Aún recuerdo su explicación sobre lo que es Almadén, que yo cito a menudo por su claridad y contundencia: “Almadén no es lo que está arriba, lo que se ve en superficie, sus calles, plazas y jardines; es lo que hay abajo, lo que está en la mina, sus pozos y galerías subterráneas”. Además, nos regaló algunos objetos para los museos y más recientemente diversas maquetas para el Parque Minero, que en la actualidad se muestran a todos sus visitantes. Me contó que se volvió muy devoto después de un grave accidente que tuvo en la mina y una vez que estuve en su casa me mostró un relato del mismo que tenía cuidadosamente enmarcado y que se titulaba: “La fe de un minero a su Virgen”.
Antonio  García- Donas era un hombretón bueno de quien admiré sus conocimientos de la mina y del campo.  Comenzó a trabajar en la mina en 1958, pero como el sueldo era corto, emigró a Barcelona en 1963. Reingresado en 1965, ejerció de perforista hasta 1973, año en el que fue ascendido a vigilante. Un derrumbe de la labor subterránea en la que se encontraba, le dejó secuelas en su pierna izquierda a pesar de haber sufrido varias operaciones. Se retiró en 1984 a los cincuenta años. De los trabajos y penurias de la mina me contó muchas cosas, pero también estimé mucho sus conocimientos de caza, como cuando el Consejo le encargó en 1972 la eliminación de las alimañas de la dehesa de Castilseras, ya que se iba a convertir en un  coto de caza privativo de los mineros y reglamentado por el ICONA. El resultado de su trabajo fue espectacular, pues además de algunos tejones y ginetas, consiguió eliminar a 458 zorros.
Segundo Cavanillas fue otro de los mineros  que sabía el peligro que se corría en las labores subterráneas de Almadén. No solo eran los accidentes, inevitables en ocasiones, sino el vapor de mercurio que  absorbían los mineros con cada inspiración, de modo que al salir del tajo, nada de siesta ni taberna, aire puro del campo y sudar, cuanto más, mejor. Segundo conocía Castilseras al dedillo: sus caminos, sus fuentes y hasta las suertes que el Consejo distribuía entre los mineros, así que siempre que le preguntaba por tal o cual término, molino, arroyo o lo que fuera, Segundo lo sabía. Pero además era un hombre bueno,  que siempre me saludaba con mucho afecto cuando nos encontrábamos en ocasiones, cada vez menos frecuentes. Hace unos días, nuestro común amigo Joaquín, el fotógrafo, me comunicó el fallecimiento del último de mis cuatro viejos amigos.
 Los conocimientos de los cuatro sobre la mina y la naturaleza que rodea a Almadén no se perderán, pues están ahí, en los libros de la Fundación y en los museos del Parque Minero y del Real Hospital de Mineros. Gracias a su generosidad, la memoria oral se ha convertido en escrita, así que permanecerá para las generaciones futuras. Cuando solicité su ayuda, resolvieron mis dudas, pero lo que más les agradezco es que me otorgaran su amistad".
 
Ángel Hernández Sobrino

1 comentarios:

Gran homenaje a todos los mineros que han bajado a la mina jugándose la vida por llevar un jornal. Gracias de corazón por las palabras dedicadas a mi abuelo Segundo, que nos dejó hace unos días y que ha sido un gran hombre y un gran ejemplo a seguir. Un abrazo

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